La Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, a través de la Coordinación de la licenciatura en Bioquímica Diagnóstica, extendió una invitación a la doctora Sandra Tobón Cornejo, egresada de la primera generación de esta carrera e investigadora adscrita al Departamento de Fisiología de la Nutrición, para impartir la plática “Una dieta alta en proteínas: ¿saludable o perjudicial para la salud?”.
La ponente inició explicando que estas moléculas compuestas por cadenas de aminoácidos son esenciales para la vida, por lo cual su consumo es indispensable, remarcando que la ingesta diaria recomendada es de 0.8 gramos por cada kilo de peso corporal. No obstante, afirmó que rebasar esta cantidad podría traer complicaciones a la salud.
Consecuentemente la especialista en ciencias médicas presentó algunos antecedentes en una línea del tiempo:
- 1840, el químico Justus von Liebig propuso un consumo ideal de 120 gramos de proteína al día para mantener un cuerpo sano
- 1902, W.O. Atwater sugirió 125 gramos.
- A partir de 2002, diversas recomendaciones promovieron una ingesta alta en proteína, influenciadas por la cultura del fisicoculturismo y la popularidad de dietas como la del doctor Atkins. No obstante, advirtió que el consumo excesivo puede asociarse con enfermedades cardiovasculares, daño renal, pérdida ósea, osteopenia, osteoporosis y riesgo de padecimientos hepáticos.
En este sentido, la doctora Sandra Tobón enfatizó que la calidad y el tipo de proteína son factores determinantes, puesto que la proveniente de origen animal, y considerada de alta calidad, contiene todos los aminoácidos esenciales en proporciones óptimas y cuentan con alta digestibilidad y absorción.
Además, aporta hierro, vitamina B12, zinc, DHA y EPA. Aunque también es rica en colesterol y grasas saturadas, relacionándose con la formación de TMAO (N-óxido de trimetilamina), sustancia vinculada a enfermedades cardiovasculares.
Por otra parte, aquellas de origen vegetal, con excepción de algunas como la soya, presentan aminoácidos limitantes; sin embargo, la combinación adecuada de dos distintas se puede asemejar a la calidad de una de origen animal. “La ventaja es que carecen de colesterol y se asocian con menor riesgo de hipertensión, obesidad, dislipidemia, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer”, argumentó la ponente.
Asimismo, indicó que el aumento de proteínas en la dieta estimula el catabolismo de aminoácidos mediante metabolitos generados por la microbiota intestinal, lo cual se demostró en un estudio hecho con ratones, en el que se observó que aquellos que consumían un 50 % de proteína mostraron menor ganancia de peso, a pesar de su alto consumo proteico.
En relación con lo anterior, la egresada de la Facultad explicó que la composición de la microbiota intestinal varía según la cantidad de proteína ingerida y que un exceso puede elevar los niveles de glucagón e incrementar la glucosa en sangre y, por ende, afectar el metabolismo si no se mantiene un equilibrio adecuado.
Para concluir, señaló que la cantidad ideal de proteína depende del estado fisiológico de cada persona y que las dietas altas en esta molécula pueden ser dañinas para quienes padecen problemas hepáticos o renales, por lo cual reiteró la importancia de la calidad y el tipo de ésta.
Marco Enrique Villalobos Chavarín