En los mercados de México, los oficios trascienden el acto de trabajar, pues detrás de cada puesto, herramienta e invitación a la compra se esconden historias que han moldeado generaciones y saberes. Estos lugares son testigos de la resistencia cultural que, frente a grandes comercios internacionales, preservan su identidad a través de su cotidianidad, convirtiéndose en un patrimonio que sigue siendo el soporte de miles de familias.

En este contexto, la quinta generación del programa de Servicio Social El Juego y
sus Raíces: Laboratorio de imágenes y sentipensares con infancias en condiciones
vulneradas, a cargo de la doctora Carmen Zapata Flores, desarrolló un proyecto
significativo, que hace uso del diseño desde una recuperación social, ya que la
Facultad está alojada en la periferia, con comunidades patrimoniales.
Llevado a cabo de manera autogestiva y en colaboración con la Unión de
Comerciantes del Mercado de Cuautitlán, México y Anexos A.C., esta iniciativa
reunió a niñas, niños y estudiantes de la FES Cuautitlán, la Facultad de Artes y
Diseño (FAD), así como de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en un
proceso en el que la creación artística y el juego se convirtieron en herramientas
para documentar y retratar historias, fortaleciendo el tejido comunitario.
El trabajo con las infancias
Como parte de la capacitación de los prestadores de servicio social, la doctora
Zapata impartió sesiones enfocadas en tres ejes principales: la autoetnografía como
herramienta de reflexión personal y comunitaria; el análisis de temas sociales, para
la contextualización del espacio, y la metodología de la “E” (basada en la empatía,
emoción y enseñanza), para desarrollar capacidades que comprendan sentimientos
y emociones, en ambientes inclusivos y efectivos.
Uno de los pilares del proyecto fue acercar a los prestadores a la esencia viva del
mercado, no solo como un espacio de intercambio comercial, sino como un
entramado de saberes y relaciones.
Por medio de un dialogo activo con locatarios, familiares y clientes, se buscó
generar un conocimiento significativo que permitiera reconocer la diversidad de
oficios que sostienen el lugar, desde los locales de fruta y verduras, hasta aquellos
locatarios que trabajan con materiales tradicionales y vendedores ambulantes.
Cabe destacar que los talleres fueron impartidos en el Mercado Municipal de
Cuautitlán, México, con la intención de mantener a las infancias en un entorno
familiar y así evitar su descontextualización. También, para fomentar un aprendizaje
desde su cotidianidad y motivar el interés por su lugar de origen, así como su
sentido de orgullo y pertenencia. La prioridad fue construir espacios donde los niños
pudieran expresar libremente sus ideas, inquietudes y sentimientos.
A lo largo de las sesiones se reforzó un trabajo artístico, que abarcó desde técnicas
y medios como pintura, dibujo, escultura y fotografía, hasta la profundización de un
desarrollo íntegro con conciencia social y enfocado en el entorno:
● Creación de máscaras de Arcimboldo
Tomando de referencia las obras del pintor italiano Giuseppe Arcimboldo, se
realizaron máscaras de cartón a las que agregaron recortes de frutas para
formar un rostro, impulsando la creatividad con diferentes elementos y
materiales.
● Elaboración de retratos y autorretratos
Para promover la vinculación afectiva en los equipos de trabajo, en esta
actividad se dio muestra de cómo los niños se perciben y perciben a quienes
conviven con ellos, esbozando detalles significativos como rasgos físicos y
emociones.
● Arteterapia
En ella se permitió utilizar pinturas y técnicas de manera libre, haciendo
hincapie en ver más allá del resultado, enfocado en el sentir.
● Traje de mamá o papá
Se crearon narrativas personales sobre su identidad y comunidad. Además,
se ilustraron y describieron las herramientas de trabajo que ocupan sus
familiares en su quehacer.
● Imanes
En esta actividad se crearon figuras a partir de arcilla que, una vez
endurecida, se pintó y agregó un imán.
Si bien la actividad tuvo un gran alcance entre las infancias del mercado, algunos
de ellos tuvieron que ausentarse debido a que también formaban parte de las
dinámicas laborales familiares, una situación que refleja una realidad común en
estos contextos comunitarios.
Por otro lado, quienes permanecieron hasta el cierre de los talleres, lograron
reconocer, valorar y resignificar su espacio. Mientras que en el ámbito técnico y
artístico se mostraron curiosos ante otros horizontes creativos, experimentando con
nuevas formas de plasmar sus ideas y conectarse con su comunidad.
Oficio x Oficio

Entre otras actividades, se llevaron a cabo recorridos por el mercado para recabar
información, en estos las niñas y los niños pudieron entrevistar a los comerciantes
para conocer su día a día, los instrumentos y métodos que emplean, al igual que la
historia detrás de su oficio, reconociendo que muchos de los negocios han
trascendido de generación en generación.
De la mano de los prestadores y sus equipos fotográficos, capturaron elementos
que les llamaban la atención o que eran importantes para ellos, convirtiéndose en
agentes activos de la preservación cultural.
Para plasmar los resultados, los participantes crearon el álbum “Oficio x Oficio”, un
material lúdico recortable de los oficios más emblemáticos del mercado, dirigido
principalmente a las infancias que forman parte de las familias comerciantes, el cual
fue creado con el propósito de resguardar, visibilizar y dignificar los trabajos que dan
vida e identidad a este espacio comunitario.
Entre sus páginas se encuentra la descripción de cada oficio, elementos
característicos y la imagen de cada locatario, como el coquero, la mochilera, el
juguetero, el elotero, la bordadora, entre otros, destacando su rol en la construcción
de la identidad comercial y colectiva.
Frida Alondra Guzmán Ortiz