Académicos proponen la recuperación de especies nativas para una colección botánica en la FES Cuautitlán y sus inmediaciones

En medio de un paisaje industrial, donde predominan fábricas y centros de distribución, el Jardín Botánico de la multidisciplinaria representa una auténtica “isla de diversidad”. Un área que contrasta con la creciente mancha urbana, proporcionando refugio para polinizadores y diversos ejemplares únicos, frente al deterioro ambiental.

Para contribuir a dicho espacio, el doctor Jaime Alejandro Torres Montufar, responsable del Herbario de la Facultad, y la doctora Mayte Stefany Jiménez Noriega, quien dirige el laboratorio de Botánica Estructural, junto al maestro Alejandro De la Rosa Tilapa, técnico académico del Jardín Botánico integrantes del Herbario de la Facultad, presentaron su propuesta en el artículo “Rescuing the Forgotten Flora: Proposal of an Ornamental Native Plan Collection for a Botanical Garden in an Industrial Zone”, en el que plantean el valor de introducir flora nativa y endémica del Valle de México, así como su alcance para revitalizar espacios en el municipio de Cuautitlán.

Actualmente, el arbolado urbano de la región está compuesto en su mayoría por especies introducidas por su atractivo estético o utilitario, como las jacarandas y pirules (originarios de Sudamérica), truenos (de Asia), eucaliptos y casuarinas (provenientes de Australia). Sin embargo muchas de ellas hoy en día enfrentan problemas de deterioro o plagas, como ocurre con las palmas canarias. 

Para dar paso al proyecto, se realizó una minuciosa selección de especies nativas, basados en estudios etnobotánicos, taxonómicos y horticulturales, contando hasta el momento con una lista preliminar de 40, aunque se prevé reducirla a entre 20 y 25 tras ensayos de germinación, debido a las diversas necesidades de cada planta.  

Como parte de las especies endémicas se encuentran:

  • Hymenocallis harrisiana 
  • Zephyranthes fosteri
  • Echeandia nana 
  • Agave filifera 
  • Pittocaulon praecox 
  • Tagetes lunulata 
  • Bursera cuneata
  • Bursera fagaroides 
  • Ipomoea stans
  • Sedum oxypetalum Kunth 
  • Brongniartia intermedia 
  • Erythrina leptorhiza 
  • Quercus frutex 
  • Hypoxis mexicana 
  • Tigridia vanhouttei 
  • Salvia mexicana L. 
  • Prunus microphylla 

Bajo criterios estéticos que abarcan atributos de forma, tamaño, follaje y floración; ecológicos y simbólicos, la colección abarca  26 familias y 34 generos distintos, que van desde plantas insectívoras, hasta ejemplares con una relevancia histórica, cultural, de identidad y de uso medicinal.

Metodología

El proyecto se encuentra en una etapa de experimentación, con pruebas de propagación. Una vez localizadas las plantas y recolectadas sus semillas, comienza la fase más compleja: comprobar su capacidad de germinación y desarrollo. Aunque muchas especies germinan fácilmente al colocar la semilla, otras requieren de tratamientos específicos como la escarificación para que pueda brotar, como en el caso de los nopales.

Esta dificultad explica por qué en programas de reforestación suelen recurrir a especies exóticas, ya que sus protocolos de propagación están perfectamente establecidos desde hace más de medio siglo. En cambio, las especies nativas del Valle de México no han sido suficientemente estudiadas, lo que obliga a la experimentación. 

La región del Valle de México que comprende sierras, volcanes y áreas urbanas, forma parte de la riqueza ecológica a nivel  nacional, siendo hogar de más de 2 mil especies de flora, de las que entre 1,500 y 1,700 son nativas y exclusivas en la zona.      

Para mencionar parte de los resultados obtenidos hasta el momento, se obtuvo que los cazahuates germinan y crecen con rapidez, alcanzando dos o tres meses el tamaño de un pequeño árbol. En cambio, especies como los tejocotes necesitan un periodo de frío para completar su germinación. Se han detectado también ejemplares que pueden reproducirse por esquejes, como las durantas, lo que facilita su propagación.

A diferencia de las plantas exóticas, en general las nativas muestran una adaptabilidad favorable al suelo, clima y condiciones locales (en este caso, extremos de lluvia y sequía, en el municipio de Cuautitlán), lo que reduce la necesidad de riego, poda, mantenimiento o supervisión constante. 

De acuerdo al doctor Montufar, en este sentido, uno de los principales objetivos es que el Jardín reproduzca un ecosistema autosuficiente, donde no requieran de gran intervención humana. Además con la selección de especies, se tiene la intención de que hayan floraciones escalonadas a lo largo del año, evitando la percepción de que el jardín esté “muerto” o “descuidado”. Es el caso del palo loco (Pittocaulon praecox), que florecen en épocas secas, ofreciendo atractivo visual cuando otras pueden parecer marchitas.

Dentro de la selección, se observó que la mayoría de los ejemplares tienen un pico de floración entre los meses de junio y septiembre, algunas en diciembre y otras en menor cantidad mantienen su floración durante casi todo el año.

Es importante mencionar que, para cumplir de manera adecuada con la recolección de especímenes se tramitó un permiso oficial de colecta ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), para garantizar el cuidado de la flora, aclarando que las elegidas no se encuentran bajo protección o peligro de extinción.

Participación estudiantil y proyección comunitaria 

Además de su innegable función ecológica, el proyecto lleva consigo un impacto en la formación de la comunidad universitaria, especialmente de Ingeniería Agrícola, quienes desde su ingreso tienen contacto con este espacio para practicas o investigaciones, buscando que los estudiantes contribuyan activamente al mantenimiento del jardín y que su aprendizaje esté vinculado con el trabajo de conservación.

A su vez, el propósito del proyecto es trascender los límites de la universidad con una proyección social, donde se planean desarrollar talleres comunitarios dirigidos a escuelas primarias y secundarias cercanas, donde los universitarios enseñen a los niños y adolescentes a reconocer, cuidar y propagar la flora, fomentando una educación ambiental desde temprana edad.

De acuerdo con el equipo de investigadores, se prevé que este proyecto repercuta  directa y positivamente en la comunidad de Cuautitlán, al motivar y difundir conocimientos especializados, se espera que el proyecto siente un precedente para que en futuras reforestaciones o sustituciones de arbolado, se prioricen especies nativas mejor adaptadas a las condiciones ambientales locales, integradas en redes ecológicas establecidas y que, además, tengan un valor ornamental.

Frida Alondra Guzmán Ortiz

También podría gustarte